Wednesday, May 06, 2026

No todo triunfo es victoria


 

Por: Luis Fernando Jaramillo Arias

Preocupa, y mucho, la posibilidad de que Colombia llegue a una elección presidencial en la que el resultado formal no corresponda a una voluntad ciudadana libre, limpia y sin presiones.

No hablo de desconocer caprichosamente las instituciones. Por el contrario, uno de los hechos que todavía tranquiliza es la seriedad de la Registraduría Nacional del Estado Civil y la postura jurídica y neutral que ha mantenido el Consejo Nacional Electoral. En una democracia, las reglas importan, los escrutinios importan y la institucionalidad importa.

Pero también importa que el poder no meta la mano indebida en la conciencia del elector.

Un gobierno que debería gobernar para todos los colombianos parece empeñado en hacer campaña desde los balcones oficiales, como si el fuero presidencial le diera patente de corso para burlar la ley. Se usan discursos, subsidios, contratos, dádivas y presiones territoriales para empujar una candidatura que representa un quiebre profundo del contrato social, del modelo económico y de las libertades que, con todos sus defectos, han sostenido a Colombia como una democracia.

A eso se suma el control de grupos armados en extensas regiones, la conversión de supuestos gestores de paz en operadores políticos, la descalificación sistemática de instituciones como el Banco de la República, las Cortes y los órganos electorales, y el silencio congelado de las entidades de control que deberían actuar antes de que el daño sea irreversible.

El país no puede aceptar que se prepare simultáneamente el triunfo por presión y la derrota por narrativa. Si ganan, todo fue legítimo; si pierden, todo fue fraude. Esa es una trampa vieja con disfraz nuevo.

La pregunta es inevitable: Si llegare a producirse un triunfo obtenido con abuso de poder, compra de votos, presión armada o fraude, ¿Qué haremos los colombianos de bien?

La respuesta no puede ser convertirnos en aquello que hemos criticado. No se defiende la libertad copiando métodos de violencia. La salida tiene que ser cívica, jurídica, firme, organizada y masiva. Vigilancia electoral, denuncias documentadas, movilización pacífica, unidad democrática y defensa sin complejos de la Constitución.

Colombia no necesita un M-19 del siglo XXI, ni primeras líneas para generar violencia sin freno. Necesita ciudadanos erguidos.

La democracia se defiende antes, durante y después de las elecciones.

 

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