Tuesday, December 30, 2025

Salario mínimo: Menos fórmulas, más verdad

 


Por Luis Fernando Jaramillo Arias

En política abundan los sonidos huecos. Ya lo sabían los griegos: Los sofistas eran maestros de la retórica que vendían persuasión por encima de la verdad; con su habilidad podían “hacer fuerte el argumento débil”, como reprochaba Platón al referirse a Protágoras y Gorgias. Hoy, ese arte del sofisma sobrevive en discursos que prometen protección total… y terminan fabricando informalidad.

Partamos de los datos. En Colombia, la informalidad urbana ronda el 42–44% y en lo rural supera el 80%, según el DANE; es decir, casi la mitad de los ocupados en ciudades y la gran mayoría en el campo trabajan sin las “protecciones” que encarecemos cada año en el papel. A la vez, el país cambió por dentro: El hogar promedio pasó de más de 4 personas en los 90 a 2,90 en 2023 y 2,86 en 2024; ya el salario mínimo no representa “el ingreso de una familia”, sino el de una persona en hogares más pequeños y diversos. También cambió la presencia femenina: La participación laboral de las mujeres se ubicaba en 51,7% en 2024; más mujeres trabajan fuera del hogar, pero con brechas y alta informalidad.

Frente a este país real, el salario mínimo se volvió un tótem al que se le amarran multas, trámites, copagos, licencias y un rosario de cobros. Aun con esfuerzos recientes de “desindexación”, el rezago regulatorio mantiene amarradas muchas tarifas y sanciones al SMMLV, con efectos de carrusel sobre inflación, déficit fiscal y nueva propuesta de reforma tributaria.

Defiendo tres tesis sencillas:

  1. Simplificar. El mínimo debe tener una fórmula clara (inflación pasada + productividad medida), sin añadiduras creativas ni pactos de ocasión. El secreto no es la cifra, es la productividad. Si un trabajo no agrega valor, no se hace; si agrega, se paga. Un empresario recto no teme al número, teme a la improductividad.
  2. Transparencia total del costo. Hoy el mínimo “nominal” se infla con cargas, parafiscales y beneficios que lo convierten en la sensación de un sobrecosto para el empleador y en menos de lo esperado para el trabajador. Esa opacidad alimenta la huida a la informalidad.
  3. Pago por horas con doble comprobante. Que cada hora facture el costo completo (remuneración + todas las cargas), y que el giro ocurra en dos partes obligatorias y simultáneas: (a) Aporte a seguridad social; (b) Neto del trabajador. Sin el comprobante de aportes, no hay salario válido. Se vuelve medible la productividad, se corta el incentivo a “ahorrar” evadiendo, y el trabajador deja de ser tratado como menor de edad al que hay que ocultarle su propio costo.

Este ajuste no precariza; ordena. Ataca los costos ocultos, la maraña de indexaciones y el sofisma de proteger tanto que expulsamos del amparo a la mitad del país. Con menos humo y más datos, construyamos un mínimo que sea, por fin, mínimo en fórmulas y máximo en verdad.

Thursday, November 27, 2025

Animales, trabajo y ciudadanía: El equilibrio que nos debemos


El martes 18 de noviembre, en Quimbaya, un caballo carretillero cayó exhausto en plena vía. La escena causó estupor y rabia. No es para menos. Detrás de ese tropiezo hay familias que viven del oficio y un animal sometido a una carga que no podía soportar. Dos realidades que nos interpelan a la vez.

Conviene decirlo sin rodeos: Los animales trabajan al servicio de sus dueños, pero no son máquinas. No pueden ser sobreexplotados. Deben cuidarse, alimentarse y mantenerse en condiciones adecuadas. Punto. La dignidad también se expresa en el trato a los seres que nos ayudan a ganarnos la vida.

En varios municipios del Quindío existe normativa que ordena sustituir los vehículos de tracción animal por motorizados. La intención es buena; el resultado, desigual. Bogotá hizo una reconversión costosa y, años después, la postal cambió de especie pero no de drama: Ya no vemos caballos halando carretas, pero sí familias arrastrando bultos de reciclaje, con pesos que sobrepasan sus fuerzas. Se alivió el síntoma, se trasladó el problema.

Ahí está la lección: En asuntos de ciudadanía, las soluciones no pueden nacer de ocurrencias ni de moralismos de ocasión. Deben surgir de diagnósticos serios, de equilibrios inteligentes entre bienestar animal, ingreso digno y movilidad urbana. Si no, reemplazamos el látigo por la indiferencia y seguimos fallándole al más débil.

¿Qué hacer? Tres líneas claras. Primero, reconversión productiva real: No basta con “entregar un motor”; hay que acompañar con capacitación, microcrédito y rutas de comercialización. Segundo, estándares de cuidado animal verificables, con inspección y sanción efectiva. Tercero, logística urbana para el reciclaje: Centros de acopio cercanos, horarios y rutas que eviten que el peso de nuestra basura recaiga—literalmente—sobre cuerpos humanos o animales.

La buena política no se grita: Se diseña, se mide y se corrige. Cuando el Estado regula, la sociedad acompaña y las familias cuentan con opciones, la convivencia mejora. El caballo no cae, la familia no se rompe y la ciudad no se degrada.

Quimbaya nos dio un llamado de alerta. Que no se pierda en el ruido. Equilibrio, inteligencia y sentido social: Ese es el camino.

 

Tuesday, November 25, 2025

Odios promovidos y legitimidad arrogada 251121

 


Por Luis Fernando Jaramillo Arias..

Colombia necesita reformas, sí, pero también respeto. Reformar no es arrasar: Es mejorar lo que no funciona sin demoler lo que nos sostiene. La Nación no avanza a gritos ni a codazos, avanza cuando escucha, corrige y acuerda. Por eso urge una actitud distinta en la cúpula del poder: Líderes que inspiren, no que dividan; estadistas que eleven el tono, no púgiles de la grosería que reducen la política a un ring.

Conviene recordarlo: Ni la Presidencia ni el Congreso encarnan por sí solos al pueblo. Ambos surgen del mismo origen —el voto ciudadano— y comparten igual legitimidad. Cuando una institución pretende arrogarse la representación exclusiva, desfigura la democracia y dinamita los puentes que necesita para gobernar. El disenso es sano; la descalificación permanente, tóxica. La República se sostiene en pesos y contrapesos, no en pulso y pulso.

Las reformas requieren una brújula ética y un termómetro social. La sociedad puede ponerse en contra de cambios que, con el pretexto de la “transformación”, golpean a la mayoría al tocar fuentes esenciales de riqueza. Pongo un ejemplo sensible: Ecopetrol. Más allá de las ortodoxias, su estabilidad incide en el empleo, en la inversión, en las finanzas públicas y, en últimas, en el bolsillo de millones. Es legítimo discutir su rumbo —transición energética incluida—, pero sería irresponsable tratarlo como si fuera un juguete ideológico. Un país que descuida la gallina de los huevos de oro termina importando los huevos… y la gallina.

Necesitamos respeto institucional y siembra de concordia. El debate fuerte, sí; el insulto, no. La crítica con argumentos, sí; la estigmatización, jamás. Quien gobierna y quien legisla deben asumir que su mandato es construir acuerdos, no coleccionar enemigos. La legitimidad que les confirió el voto exige grandeza: Explicar, escuchar, rectificar. Y al ciudadano le corresponde exigir decoro, premiar la solvencia y castigar la estridencia.

Reformas con método, diálogo con reglas, protección del patrimonio común y una narrativa de unión. Ese es el camino. El país no está para Santos ni mesías, sino para adultos que sepan que la democracia es un trabajo paciente. Hagámoslo entre todos: Menos rabia y más República. ¿Nos damos esa oportunidad?



Saturday, April 26, 2025

Menonitas ¿Convenientes para el país o no?

Por Luis Fernando Jaramillo Arias

Un largo trecho por la rizada vía a Rubiales, el campo petrolero gran productor para el país, con un desvío hacia la población de La Cristalina, un giro a la izquierda por una carretera de penetración de la que arrancamos una polvareda densa, digna del verano llanero. Una puerta de hierro custodiada por un celador uniformado. Habíamos mandado la matrícula errada de uno de los carros en que nos movilizábamos. Pidieron número de cédulas y creí que no nos iban a dejar entrar. Qué cantidad de misterio, pensé; sin embargo, el acceso fue muy fácil y la sonrisa del portero me hizo cambiar la perspectiva.


Franqueada la puerta, sorpresa tras sorpresa. Una carretera anchísima en extraordinarias condiciones, sin carpeta asfáltica pero mejor que si la tuviera. Como decía un gran amigo: “Si la pavimentan la dañan.”


Las casas en una disposición urbanística con espacios amplios, sin lujos pero con hermosos jardines sembrados con plantas adaptadas a la región. En casi todas se veía estacionada una camioneta pickup grande. Uno de mis compañeros murmuró: “Llegamos a otro país”. Cerca de cada casa, una bodega para maquinaria de grandes dimensiones. Nadie nos molestó, nadie nos preguntó, nadie nos miró de manera sospechosa.


Después de caminar muchos kilómetros viendo campos listos para la siembra y en labranza de preparación, instalaciones de secado y almacenamiento de granos, agromaquinaria inmensa y en todos los casos familias haciendo las tareas.


Nuestros guías nos condujeron a una bodega en la que se encontraban David Klassen, sus dos hijos y un nieto. David, un hombre corpulento de cara amable, nos dio la bienvenida y nos sentamos en corro. Nos contó cómo habían escogido la zona diciendo, “Nadie peleaba estas tierras antes de nuestra llegada en 2014. Son sabanas extensas, nosotros sabemos que las podemos mejorar y conseguir buenas producciones trabajando con intensidad y constancia.” “Vinimos para el largo plazo, para criar nuestras familias, para ser colombianos y para trabajar la tierra, no para valorizarla” “Nos queremos quedar a pesar de tantas dificultades, tantas calumnias, tanta presión porque somos extranjeros. 


Como nuestros antepasados que encontraron sitios para trabajar en Europa en Norteamérica, nosotros los estamos encontrando ahora en Sur América. Nuestra comunidad se originó entre Alemania y Suiza, creemos que la Biblia es la palabra de Dios, practicamos un culto colectivo, nos ayudamos entre todos, compartimos las responsabilidades y somos pacifistas” David hizo una larga pausa, nos miró y remató diciendo… “No toda la humedad que ustedes vean en esta finca proviene de la lluvia; hemos derramado muchas lágrimas”.


Nos invitó a su casa para ofrecernos un queso delicioso preparado por su esposa, acompañado de un dulce muy especial. Las mujeres se dedican a los oficios domésticos y al sublime papel de ser mamás. Tienen comodidades y vehículos para su uso personal y salen a las poblaciones y ciudades con total independencia. Cuando son mayores o solteras, asumen otros roles.


Hasta aquí yo pensaba que los Menonitas eran un colectivo en todo el sentido de la palabra. Me corrigió: “Nuestros principales intereses son la familia, la agricultura y el trabajo personal. Trabajamos en forma independiente, con plena libertad y responsabilidad económica y aunque como le dije nos ayudamos, cada familia es propietaria de su predio y vive del resultado de su trabajo. Tenemos algunos compromisos colectivos como cualquier sociedad y cumplimos con rigor.


Por ejemplo, para hacer las vías que ustedes han transitado, los líderes de la organización establecen una contribución por hectárea. El mismo método utilizamos para la construcción de infraestructura eléctrica y otros servicios colectivos.”


Dos hijas de David son profesoras en la escuela. Los niños se capacitan en aulas entre los 7 y los 12 años. De allí en adelante el aprendizaje es por experiencia y en el trabajo. Le pregunté; ¿Y si alguno quiere ir a la universidad? “Como nuestra misión es ser felices, cada quien decide su futuro y puede escoger si le gusta nuestra forma de vida o si migra para tomar un camino diferente y le cuento que muy pocos ven en esa una buena opción. 


Todos salen con un dominio total de tres idiomas: Español, Inglés y Alemán” Nos miró con cierta picardía y preguntó: “¿Quieren conocer la escuela?” Claro, dijimos y enseguida abordamos los carros para ir hasta el sitio donde está construida espaciosa, austera y muy limpia. En cada puerta de salón la lista de los nombres de los niños y un perchero para colgar los sombreros de los varones y las pavas de las niñas. Nos invitó a entrar al aula; todos se pusieron de pie y nos dieron la bienvenida en coro, las niñas con sus faldas largas y los niños con sus pantalones vaqueros y camisetas de manga corta. En la escuela se leen afiches que cimientan valores, como respetar siempre, seguir indicaciones, o tener en orden sus pertenencias. La educación está pensada para mantener la base de la estructura colectiva con una cultura poderosa.


Nuestros guías nos insinuaron el almuerzo en el restaurante. En el trayecto pasamos por uno de los varios hoteles que tienen para recibir visitantes. Cualquier persona puede reservar y le atienden con hospitalidad. Nos ofrecieron un generoso plato del día que no tiene nada que ver con un “corrientazo” de los que consumimos en la ciudad. Carne en abundancia, ensalada, dos porciones de carbohidrato, jugo y postre. También hay platos a la carta con sabores mexicanos.


La jornada terminó saliendo de la finca Liviney, ya muy cerca de Carimagua y del límite entre el Meta y el Vichada. Vimos las carreteras en construcción y los trabajos de infraestructura que costean con los recursos colectivos. Sentimos que este grupo de personas ha hecho más por el desarrollo de esta región que el Estado colombiano.


Un reciente estudio de FEDESARROLLO1 enuncia que para desarrollar la Orinoquia colombiana se necesitan seguridad jurídica sobre la propiedad de la tierra, infraestructura, insumos de producción, acceso a financiamiento, capital humano y mercado laboral, y productividad y encadenamientos. Con estas herramientas, un propósito político firme, y eliminando las barreras que se nos han enquistado, una xenofobia sin sentido y un sentimiento de rechazo a las compras de áreas en la altillanura del país podremos desarrollar ese pedazo de patria.


Necesitamos gente como los Menonitas y como algunos otros inversionistas dispuestos a arriesgar, a vivir en el campo, a invertir en el país. Ellos han logrado hacer lo que el resto de Colombia, sentada en ese tesoro, no ha sido capaz de hacer. Tal vez así podremos revertir la tendencia que hoy nos pesa y que parece que el Estado no ve, que la ruralidad se nos está desocupando y que si ahuyentamos la gente bien intencionada que avanza contra todo pronóstico, jamás llegaremos a tener un campo desarrollado, bienestar para todos, y perderemos la gran oportunidad de redimir la agricultura colombiana.


1 Informe elaborado por Rafael Puyana, Helena García, Luis Fernando Mejía, Indira Porto, Manuela Bernal y Camila Zambrano, publicado en diciembre de 2024

Monday, April 07, 2025

Pasaron diez años 250309

Mauricio: Ya pasaron diez años desde que nos dijo adiós. ¡Cómo lo hemos extrañado! Por eso queremos aprovechar esta bajadita que hace desde el cielo lleno de palmas que construyó con Genty, ese otro soñador de la naturaleza que también nos dejó. Ya lo deben tener tan lindo como el de La Cabaña, con papagallo, perros, columpio, cancha de Tenis y hasta con clones desarrollados allá, de Graciliano y Elma. Ya no tenemos quién nos alegue con el “freno hidráulico” pero todavía nos reímos con cuentos del humor negro y fino que Camilo usa con tanta frecuencia para recordarlo y para hacer cosas que parecen dictadas por usted, buscando soluciones innovadoras y retadoras como a usted le gustaban. La casa de La Cabaña huele a Herrera. Todavía conversamos con Don Roberto, con Carolina, con Andrés, con Doña María José. Ese lugar está vivo y a ratos deja sentir un perfume de Whisky para recordarlo. Ella también lo extraña pero no con tristeza sino con alegría por el paso de la familia por allí. Tan alto grita su silencio que las Gómez Herrera y también sus hijos la disfrutan con mucho entusiasmo. Mauricio, María Carolina, Orly, Natalia y María Alejandra están contagiados de esa enfermedad incurable que usted les dejó, la fiebre por las semillas y la palma. Cuando usted se nos fue, su amada Cabaña respiró hondo y en su tristeza pasó dificultades de esas que a usted le gustaba superar. Echó mano de su ejemplo de empresario, de luchador, de no dejarse derrotar y hoy con la aplicación de esa receta, la vemos sana, optimista y atractiva, tanto que pronto nos visitarán los cocineros de Masterchef. La Cabaña, su Cabaña Mauricio, huele a progreso. También queremos contarle sobre los resultados de esa lucha que usted emprendió para superar la adversidad de la PC, que no resultó en la derrota de Don Quijote en su pelea contra los molinos de viento, sino en esa victoria que el CID Campeador consiguió en la Batalla de Valencia, cabalgando muerto contra Ben Yusuf; su triunfo fue la consolidación del híbrido interespecífico Coarí por La Me, que cambió la historia de la palmicultura colombiana. El mundo le está debiendo a su terquedad y a su “Tongo le dio a borondongo” ese híbrido con el que puso fuera de combate el pesimismo que cundió por la baja rentabilidad del cultivo debida a las enfermedades que no se podían controlar. Su batalla ganada después de muerto abrió la posibilidad de pensar en extracciones del 30%, de producir 50 toneladas de fruta por hectárea y en consecuencia, de conseguir 15 toneladas de aceite en un cultivo que ya piensa en vidas útiles de 50 años. Cabalgando en su Babieca, desde el cielo ya se habrá dado cuenta de que La Cabaña con Guaicaramo, la plantación de sus sobrinos Herrrera Obregón, conforman hoy el área más importante del país de ese desarrollo que se constituyó en la salvación de palmicultores de los Llanos, del Magdalena Medio, de la Costa Atlántica, de Tumaco. El híbrido marca hoy records de producción en Urabá y como el fracaso es huérfano pero el triunfo está lleno de padres, muchos oportunistas tratan hoy de tomarse la foto por algo que hicieron persistiendo, usted y Philippe. Queremos darle noticia sobre algunos de sus amigos del corazón que todavía luchamos por imitar su olfato, su curiosidad insaciable, su paso orgulloso, su visión de la vida llena de generosidad, originalidad y humor. Su discípulo Camilo Colmenares, su admirado Carlos Murgas, el gran líder Jens Mesa, sus fieles servidores Graciliano y Elma, el siempre leal Germán Espejo, su incondicional amigo Humberto Puccetti. Hay muchos más que lo recordamos con cariño y admiración. Faltarían muchas cosas para contarle, Mauricio, pero ya se está acabando la ventana de tiempo que nos dio para hablarle de su legado. Solo nos resta decirle que hombres como usted vienen pocos a la tierra y que como Mauricio y María Carolina nos abrieron este espacio para conmemorar su vida y genialidad, nosotros nos unimos a ellos y aprovechamos para imitar al cura Choquehuanca que en 1825 se inspiró en homenaje a Simón Bolívar, hoy 9 de marzo de 2025 lo recordamos y predecimos que “su gloria crecerá como crecen las sombras cuando el sol declina” Camilo Colmenares Briceño Luis Fernando Jaramillo Arias

Friday, February 07, 2025

La misión del alcalde de Armenia


La ciudad ha vivido durante todo este siglo 21 una verdadera patria boba. El magro progreso que tenemos se debe a un puñado de empresarios que siente que tenemos redención y a una oleada de migrantes que descubrió los encantos infinitos de nuestro clima y de nuestra naturaleza. Con alguna honrosa excepción, los gobiernos han sido impuestos por los financiadores de elecciones que han provenido de la tahurería y de la mordida, llegando a dar la sensación que al cumplir el sagrado deber de votar no estamos eligiendo a quién nos dirija hacia el progreso sino a quién se robe lo público. Ya ni siquiera se cuidan de disimular la repentina abundancia económica que logran ellos y sus allegados.


Como un cóndor solitario en medio de este panorama apareció un grupo integrado por Jorge Torres Velásquez, Jaime Julián Torres Velásquez, Ángela Álvarez Jaramillo, Carlos Arcila Botero, Olga María Zuluaga Jaramillo y Luz María Valencia Echeverri, que se impuso la tarea de recuperar el parque de Los Fundadores, convertido en un muladar desde que esa tropa de cacos gobierna la ciudad de la que se apoderaron sin resistencia de nosotros los armenios. 


Como Ave Fénix, el civismo agonizante ha comenzado a salir de sus cenizas acicateado por el trabajo entusiasta de esos Quijotes del parque cuyos alcances económicos son limitados y su función, además de los aportes en jardines y estética, en actos públicos cívicos, en resiembra de las plantas que la gente pisa o se roba, en reconstrucción del mobiliario urbano, en limpiar los detritus de los que no tienen piedad por las buenas obras, es poner la coca para rogar por algún centavo a alguien que se sienta solidario con su causa. 


Hace poco ví un video que Jorge Torres publicó en las redes sociales contando las vicisitudes que habían tenido que afrontar recientemente cuando algún desconocido instaló un colchón e hizo de las suyas al lado del caracolí fosilizado que hay en el jardín. La desazón se siente en su voz. Llamé a preguntarle qué pasaba y me contó que, además de todo lo que yo ya sabía, habían insistido con el alcalde para que se asignara por parte de la administración, una persona para mantener el parque que es un bien público municipal, sin respuesta. Él no tiene oídos para el civismo sino para cumplir otros compromisos en los que lo público no interesa, aunque un bien como el parque genera rentas que no se sabe adónde irán a parar en el municipio y que se podrían reinvertir en este parque que hace homenaje nada menos que a los Fundadores de Armenia.


El grupo cívico, además de todo lo relatado, ha hecho propuestas a la administración para proteger la vida de los transeúntes, pero eso también se pierde en los pasillos municipales. ¿Y solo están pidiendo ese parquero? Le pregunté. Solo eso, lo demás lo hemos puesto de nuestros bolsillos y de lo que nos han dado algunas personas e instituciones que se han condolido por nuestras súplicas. La administración municipal se hace la sorda y cuando se compadece nos ofrece migajas.


La conclusión a la que llegué después de esta conversación fue que la misión que se impuso el alcalde Padilla no es promover el civismo; es matarlo.

Tuesday, January 14, 2025

Diálogo Ecotopía2. Un llamado que grita sin alzar la voz


 Los amigos se reunieron para celebrar el año nuevo 2025. Después de los saludos alegres, Pachito comentó. ¿Vieron esa columna que escribió LFJ haciendo unas propuestas muy extrañas con un terminacho rarísimo, Ecotopía? No entiendo qué significa eso, replicó Lucho Chinchilla. 

Diógenes comentó:  El término no fue inventado por el columnista. Fue acuñado por el periodista estadounidense Ernest Callenbach cuando publicó su libro del mismo nombre por allá en los años 70 del siglo pasado. Lo utilizó porque le pareció muy apropiado para trabajar en el sueño del futuro Quindío que hoy navega como un barco a la deriva especialmente en el campo político porque se dejó arrebatar el espacio electoral por un grupúsculo de profesionales de la tahureza y de la financiación de elecciones que han convertido los edificios públicos de los pueblos y ciudades en unos nidos de ratas que tienen que soportar unos quindianos que trabajan esclavizados por contraticos. Ese llamado es una gran oportunidad para revisar cómo podemos replantear nuestra relación con el planeta y entre nosotros mismos cuando lo definió como paz entre los humanos, paz con la naturaleza. ¡Deje de decir bobadas! replicó el gordo Robamundo Sinasco. Ustedes son unos cobardes que no son capaces de meterle unos pesos a una elección para subir un amigo y recuperar una buena plata. Ese es el negocio de la política. 


El ambiente se puso tenso y Yamile pidió que cambiaran de tema para aprovechar el concepto de llamado que propuso Diógenes preguntando; ¿Han visto el libro de Marco Horacio García, Muros confidentesque venden en la librería Libélula en Armenia en el que nos invita unirnos a la causa de recuperar al menos cinco de los muchos murales que constituyen el patrimonio pictórico de la ciudad? Tenemos que parar las orejas para oír lo que personas como Marco Horacio gritan sin elevar la voz diciéndonos: Conocer, apreciar y cuidar esas pinturas, obras de meritorios artistas que nos regalan su arte con solo mirarlos al pasar al lado de ellas por las calles, que se están deteriorando a pasos gigantescos, nos van a ayudar a recuperar y a entender con orgullo de dónde venimos.


¡Hablaste con sabiduría, Yamile, dijo Pachito! Con esa idea podemos arrancar el año 25 pensando que nos podremos sacudir de nuestros males, soñar para dónde vamos y construir así la Ecotopía que se está proponiendo.