Tuesday, August 11, 2026

 Hay palabras que nacen del dolor, pero también de la memoria.

Quiero compartir hoy el escrito que publicó mi hija Carmenza Jaramillo Valencia, después del terremoto que volvió a sacudir nuestra tierra.

Sus palabras reflejan no solamente el impacto de lo ocurrido, sino también lo que significa volver a experimentar una tragedia que hace parte de la memoria de quienes vivimos aquel terremoto que marcó para siempre a Armenia.

Comparto a continuación, de manera íntegra, su reflexión:

“Este ha sido un día muy duro, yo ya viví el dolor del primer terremoto en el que mi ciudad quedó destruida y hoy aparentemente no tuvimos tantas afectaciones como en el terremoto pasado, pero los daños, las pérdidas y volver a sentir que nos quedamos sin hogar es muy difícil, porque esa es una experiencia que sí estamos teniendo que vivir nuevamente.

Quienes me conocen saben que mi vida y mis bases de la vida están en Armenia y en Pereira y hoy tengo un dolor más grande en el corazón. Lo más importante, de salud están todos bien, sé que las pérdidas materiales se recuperan, pero lo que no vuelve es la casa de la finca donde crecimos, la casa a la que mi mamá arregló con un gusto, el restaurante que más me gusta, en fin, en cada uno de esos espacios se muere un poquito de mi corazón y mi tierra.”

Carmenza expresa algo que muchas veces no aparece en los balances de daños: el valor emocional de los lugares que hacen parte de nuestra historia.

Una casa no son solamente paredes. Una finca no es solamente una construcción. Un restaurante no es solamente un negocio. Son recuerdos, momentos familiares, esfuerzos y una parte de nuestra propia vida.

Por eso, aunque sabemos que los daños materiales podrán repararse con el tiempo, también debemos reconocer y acompañar ese dolor que queda cuando se afectan los lugares que sentimos como nuestros.

Como padre, comparto sus palabras con especial sentimiento y con la esperanza de que nuestra tierra pueda levantarse nuevamente, como tantas veces lo ha hecho.

Autoría del texto: Carmenza Jaramillo Valencia.
Compartido con su autorización.

📷 Fotografía: archivo personal de Carmenza Jaramillo Valencia


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Thursday, July 23, 2026

 Tomando como referencia el libro Muros Confidentes, del investigador Marco Horacio García Castaño, hoy recordamos el mural "Homenaje al Paisaje Cultural Cafetero", una obra del artista Lwdin David Franco Giraldo, ubicada en el costado occidental del Parque de la Vida, junto a la sede de Café Quindío.

Este mural rinde homenaje al Paisaje Cultural Cafetero, declarado Patrimonio Mundial, y evoca la historia de Armenia, la bonanza cafetera, el desarrollo de la ciudad y la riqueza de su entorno natural y productivo. Una obra que también merece ser tenida en cuenta dentro de los procesos de conservación y recuperación del patrimonio artístico de Armenia.


Sunday, June 21, 2026

 

Hoy no pueden quedar dudas. Estamos en un momento definitivo para el país y el camino es uno solo: defender nuestra democracia y nuestra libertad.

 

Mi apoyo absoluto y mi voto son para Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo. Es el momento de unir fuerzas, dejar los titubeos y frenar con contundencia la amenaza del comunismo. ¡Nos jugamos el futuro de todos!

 





Saturday, June 20, 2026


 Nadie debería apropiarse de la vida como si fuera una bandera exclusiva de una campaña. Decir "Me la juego por la vida" no puede significar que quienes pensamos distinto estemos del otro lado.


Yo también me la juego por la vida: por una Colombia en paz, sin el sometimiento de los violentos; por una justicia independiente, no politizada; por oportunidades para todos y por la defensa de la democracia y las instituciones.


La vida no pertenece a un eslogan. La vida nos une como Nación, así como la Palma de Cera, nuestro árbol nacional, representa las raíces que compartimos como colombianos.


Friday, June 05, 2026

Petro 007: Licencia para delinquir

 



Por Luis Fernando Jaramillo Arias


Quienes hemos visto alguna película de la Saga de James Bond, recordamos al famoso agente secreto que tenía unas misiones especiales con Licencia para matar.

En Colombia hay quienes creemos que el fuero presidencial es una garantía institucional. El presidente Petro parece haber llegado a una conclusión más audaz: que es una licencia para todo.

Mientras cualquier colombiano tiene que responder por sus actos ante jueces de carne y hueso, el Zar sabe que su destino judicial reposa en esa curiosa entidad conocida popularmente como la Comisión de Absoluciones. Así, la ley parece una amable sugerencia para los demás y una lectura opcional para quien ocupa el Palacio de Nariño.

¿Exceso de gastos en campaña? Problema del gerente. El Zar no cuenta recibos. Él inspira.

¿Dinero de personajes inconvenientes entrando a la campaña? Asunto del hijo. Y si preguntan demasiado, basta recordar que él no lo crió. Al fin y al cabo, la paternidad, según esta novedosa doctrina política, es una actividad voluntaria y revocable.

¿Los gastos de la primera dama generan controversia? Tampoco es asunto suyo. Resulta que, cuando conviene, la esposa es esposa; y cuando no conviene, es apenas una ciudadana independiente que toma decisiones autónomas. El Zar, por supuesto, no puede estar pendiente de todo.

Y así transcurre la vida pública nacional: los aciertos son producto de la visión del líder; los errores son culpa de ministros, funcionarios, asesores, familiares, periodistas, empresarios, opositores, el cambio climático o alguna conspiración cósmica todavía por identificar.

La responsabilidad siempre encuentra un voluntario distinto al ocupante del trono y eso ya lo vimos en un gobierno anterior de un amigo del Zar.

Los antiguos monarcas decían: “El Estado soy yo”. Petro no necesita pronunciar la frase. Le basta actuar como si fuera cierta. Su tesis parece sencilla: todos deben obedecer las normas, excepto quien las interpreta desde el balcón presidencial.

Lo curioso es que quienes antes denunciaban con fervor cualquier abuso del poder, hoy descubren las virtudes de mirar hacia otro lado. La indignación, como tantas cosas en política, parece haberse vuelto selectiva.

Y mientras tanto, el agente 007 de la Casa de Nariño continúa su misión favorita: demostrar que, en Colombia, algunos creen que el fuero no es un mecanismo de protección institucional sino una auténtica licencia para delinquir.

Wednesday, May 06, 2026

No todo triunfo es victoria


 

Por: Luis Fernando Jaramillo Arias

Preocupa, y mucho, la posibilidad de que Colombia llegue a una elección presidencial en la que el resultado formal no corresponda a una voluntad ciudadana libre, limpia y sin presiones.

No hablo de desconocer caprichosamente las instituciones. Por el contrario, uno de los hechos que todavía tranquiliza es la seriedad de la Registraduría Nacional del Estado Civil y la postura jurídica y neutral que ha mantenido el Consejo Nacional Electoral. En una democracia, las reglas importan, los escrutinios importan y la institucionalidad importa.

Pero también importa que el poder no meta la mano indebida en la conciencia del elector.

Un gobierno que debería gobernar para todos los colombianos parece empeñado en hacer campaña desde los balcones oficiales, como si el fuero presidencial le diera patente de corso para burlar la ley. Se usan discursos, subsidios, contratos, dádivas y presiones territoriales para empujar una candidatura que representa un quiebre profundo del contrato social, del modelo económico y de las libertades que, con todos sus defectos, han sostenido a Colombia como una democracia.

A eso se suma el control de grupos armados en extensas regiones, la conversión de supuestos gestores de paz en operadores políticos, la descalificación sistemática de instituciones como el Banco de la República, las Cortes y los órganos electorales, y el silencio congelado de las entidades de control que deberían actuar antes de que el daño sea irreversible.

El país no puede aceptar que se prepare simultáneamente el triunfo por presión y la derrota por narrativa. Si ganan, todo fue legítimo; si pierden, todo fue fraude. Esa es una trampa vieja con disfraz nuevo.

La pregunta es inevitable: Si llegare a producirse un triunfo obtenido con abuso de poder, compra de votos, presión armada o fraude, ¿Qué haremos los colombianos de bien?

La respuesta no puede ser convertirnos en aquello que hemos criticado. No se defiende la libertad copiando métodos de violencia. La salida tiene que ser cívica, jurídica, firme, organizada y masiva. Vigilancia electoral, denuncias documentadas, movilización pacífica, unidad democrática y defensa sin complejos de la Constitución.

Colombia no necesita un M-19 del siglo XXI, ni primeras líneas para generar violencia sin freno. Necesita ciudadanos erguidos.

La democracia se defiende antes, durante y después de las elecciones.

 

Thursday, April 30, 2026

Fuego amigo

 


Por Luis Fernando Jaramillo Arias

Veo con preocupación que, en sectores llamados a defender ideas comunes, se esté abriendo paso una peligrosa costumbre: disparar hacia el propio campo. Las campañas de Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia, con legítimas aspiraciones y seguidores entusiastas, no deberían caer en el error de confundir al competidor cercano con el adversario verdadero.

La política permite diferencias de tono, de énfasis y de estrategia. Eso es natural y hasta conveniente. Lo que no resulta sensato es convertir esas diferencias en insultos, descalificaciones o pequeñas guerras de vanidades. El país no está para que quienes creen en la libertad, en la democracia, en la empresa privada y en la creación de valor se dediquen a erosionarse mutuamente.

La campaña contraria, en el fondo, no es la del vecino que comparte principios esenciales. La verdadera amenaza está en quienes sueñan con imponer un régimen estatista, desconfiado del sector privado, amigo de nivelar por lo bajo y convencido de que la riqueza se reparte antes de haber sido creada. Ya el siglo XX mostró, con suficiente dolor, el fracaso de esos ensayos colectivistas que prometieron paraísos y terminaron repartiendo pobreza, silencio y miedo.

Es comprensible que muchos ciudadanos voten movidos por la emoción. Nuestro pueblo ha sufrido demasiado: promesas incumplidas, frustraciones acumuladas, mafias disfrazadas de redentoras y dirigentes que hablan del pueblo solo mientras les sirve. Precisamente por eso se requiere una dirigencia serena, pedagógica y generosa, capaz de convocar sin humillar y de competir sin destruir puentes.

El gobierno que termina parece creer que apropiarse del ahorro ajeno, gastar sin juicio e imprimir dinero son formas de crear riqueza. Pero el dinero basura no produce prosperidad: produce inflación, deterioro y dependencia. Donde se castiga al que trabaja, ahorra e invierte, no florece la justicia; florece la pobreza.

Tiene que primar la sensatez. Los amigos de las libertades deben entender que el dilema es serio. O construyen una mayoría amplia, respetuosa y firme, o nos condenan a muchos años de soledad, mirando de cerca los espejos tristes de Venezuela y Cuba.

La invitación es sencilla: menos fuego amigo y más amor inteligente por Colombia.