Sunday, June 21, 2026

 

Hoy no pueden quedar dudas. Estamos en un momento definitivo para el país y el camino es uno solo: defender nuestra democracia y nuestra libertad.

 

Mi apoyo absoluto y mi voto son para Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo. Es el momento de unir fuerzas, dejar los titubeos y frenar con contundencia la amenaza del comunismo. ¡Nos jugamos el futuro de todos!

 





Saturday, June 20, 2026


 Nadie debería apropiarse de la vida como si fuera una bandera exclusiva de una campaña. Decir "Me la juego por la vida" no puede significar que quienes pensamos distinto estemos del otro lado.


Yo también me la juego por la vida: por una Colombia en paz, sin el sometimiento de los violentos; por una justicia independiente, no politizada; por oportunidades para todos y por la defensa de la democracia y las instituciones.


La vida no pertenece a un eslogan. La vida nos une como Nación, así como la Palma de Cera, nuestro árbol nacional, representa las raíces que compartimos como colombianos.


Friday, June 05, 2026

Petro 007: Licencia para delinquir

 



Por Luis Fernando Jaramillo Arias


Quienes hemos visto alguna película de la Saga de James Bond, recordamos al famoso agente secreto que tenía unas misiones especiales con Licencia para matar.

En Colombia hay quienes creemos que el fuero presidencial es una garantía institucional. El presidente Petro parece haber llegado a una conclusión más audaz: que es una licencia para todo.

Mientras cualquier colombiano tiene que responder por sus actos ante jueces de carne y hueso, el Zar sabe que su destino judicial reposa en esa curiosa entidad conocida popularmente como la Comisión de Absoluciones. Así, la ley parece una amable sugerencia para los demás y una lectura opcional para quien ocupa el Palacio de Nariño.

¿Exceso de gastos en campaña? Problema del gerente. El Zar no cuenta recibos. Él inspira.

¿Dinero de personajes inconvenientes entrando a la campaña? Asunto del hijo. Y si preguntan demasiado, basta recordar que él no lo crió. Al fin y al cabo, la paternidad, según esta novedosa doctrina política, es una actividad voluntaria y revocable.

¿Los gastos de la primera dama generan controversia? Tampoco es asunto suyo. Resulta que, cuando conviene, la esposa es esposa; y cuando no conviene, es apenas una ciudadana independiente que toma decisiones autónomas. El Zar, por supuesto, no puede estar pendiente de todo.

Y así transcurre la vida pública nacional: los aciertos son producto de la visión del líder; los errores son culpa de ministros, funcionarios, asesores, familiares, periodistas, empresarios, opositores, el cambio climático o alguna conspiración cósmica todavía por identificar.

La responsabilidad siempre encuentra un voluntario distinto al ocupante del trono y eso ya lo vimos en un gobierno anterior de un amigo del Zar.

Los antiguos monarcas decían: “El Estado soy yo”. Petro no necesita pronunciar la frase. Le basta actuar como si fuera cierta. Su tesis parece sencilla: todos deben obedecer las normas, excepto quien las interpreta desde el balcón presidencial.

Lo curioso es que quienes antes denunciaban con fervor cualquier abuso del poder, hoy descubren las virtudes de mirar hacia otro lado. La indignación, como tantas cosas en política, parece haberse vuelto selectiva.

Y mientras tanto, el agente 007 de la Casa de Nariño continúa su misión favorita: demostrar que, en Colombia, algunos creen que el fuero no es un mecanismo de protección institucional sino una auténtica licencia para delinquir.

Wednesday, May 06, 2026

No todo triunfo es victoria


 

Por: Luis Fernando Jaramillo Arias

Preocupa, y mucho, la posibilidad de que Colombia llegue a una elección presidencial en la que el resultado formal no corresponda a una voluntad ciudadana libre, limpia y sin presiones.

No hablo de desconocer caprichosamente las instituciones. Por el contrario, uno de los hechos que todavía tranquiliza es la seriedad de la Registraduría Nacional del Estado Civil y la postura jurídica y neutral que ha mantenido el Consejo Nacional Electoral. En una democracia, las reglas importan, los escrutinios importan y la institucionalidad importa.

Pero también importa que el poder no meta la mano indebida en la conciencia del elector.

Un gobierno que debería gobernar para todos los colombianos parece empeñado en hacer campaña desde los balcones oficiales, como si el fuero presidencial le diera patente de corso para burlar la ley. Se usan discursos, subsidios, contratos, dádivas y presiones territoriales para empujar una candidatura que representa un quiebre profundo del contrato social, del modelo económico y de las libertades que, con todos sus defectos, han sostenido a Colombia como una democracia.

A eso se suma el control de grupos armados en extensas regiones, la conversión de supuestos gestores de paz en operadores políticos, la descalificación sistemática de instituciones como el Banco de la República, las Cortes y los órganos electorales, y el silencio congelado de las entidades de control que deberían actuar antes de que el daño sea irreversible.

El país no puede aceptar que se prepare simultáneamente el triunfo por presión y la derrota por narrativa. Si ganan, todo fue legítimo; si pierden, todo fue fraude. Esa es una trampa vieja con disfraz nuevo.

La pregunta es inevitable: Si llegare a producirse un triunfo obtenido con abuso de poder, compra de votos, presión armada o fraude, ¿Qué haremos los colombianos de bien?

La respuesta no puede ser convertirnos en aquello que hemos criticado. No se defiende la libertad copiando métodos de violencia. La salida tiene que ser cívica, jurídica, firme, organizada y masiva. Vigilancia electoral, denuncias documentadas, movilización pacífica, unidad democrática y defensa sin complejos de la Constitución.

Colombia no necesita un M-19 del siglo XXI, ni primeras líneas para generar violencia sin freno. Necesita ciudadanos erguidos.

La democracia se defiende antes, durante y después de las elecciones.

 

Thursday, April 30, 2026

Fuego amigo

 


Por Luis Fernando Jaramillo Arias

Veo con preocupación que, en sectores llamados a defender ideas comunes, se esté abriendo paso una peligrosa costumbre: disparar hacia el propio campo. Las campañas de Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia, con legítimas aspiraciones y seguidores entusiastas, no deberían caer en el error de confundir al competidor cercano con el adversario verdadero.

La política permite diferencias de tono, de énfasis y de estrategia. Eso es natural y hasta conveniente. Lo que no resulta sensato es convertir esas diferencias en insultos, descalificaciones o pequeñas guerras de vanidades. El país no está para que quienes creen en la libertad, en la democracia, en la empresa privada y en la creación de valor se dediquen a erosionarse mutuamente.

La campaña contraria, en el fondo, no es la del vecino que comparte principios esenciales. La verdadera amenaza está en quienes sueñan con imponer un régimen estatista, desconfiado del sector privado, amigo de nivelar por lo bajo y convencido de que la riqueza se reparte antes de haber sido creada. Ya el siglo XX mostró, con suficiente dolor, el fracaso de esos ensayos colectivistas que prometieron paraísos y terminaron repartiendo pobreza, silencio y miedo.

Es comprensible que muchos ciudadanos voten movidos por la emoción. Nuestro pueblo ha sufrido demasiado: promesas incumplidas, frustraciones acumuladas, mafias disfrazadas de redentoras y dirigentes que hablan del pueblo solo mientras les sirve. Precisamente por eso se requiere una dirigencia serena, pedagógica y generosa, capaz de convocar sin humillar y de competir sin destruir puentes.

El gobierno que termina parece creer que apropiarse del ahorro ajeno, gastar sin juicio e imprimir dinero son formas de crear riqueza. Pero el dinero basura no produce prosperidad: produce inflación, deterioro y dependencia. Donde se castiga al que trabaja, ahorra e invierte, no florece la justicia; florece la pobreza.

Tiene que primar la sensatez. Los amigos de las libertades deben entender que el dilema es serio. O construyen una mayoría amplia, respetuosa y firme, o nos condenan a muchos años de soledad, mirando de cerca los espejos tristes de Venezuela y Cuba.

La invitación es sencilla: menos fuego amigo y más amor inteligente por Colombia.

Tuesday, December 30, 2025

Salario mínimo: Menos fórmulas, más verdad

 


Por Luis Fernando Jaramillo Arias

En política abundan los sonidos huecos. Ya lo sabían los griegos: Los sofistas eran maestros de la retórica que vendían persuasión por encima de la verdad; con su habilidad podían “hacer fuerte el argumento débil”, como reprochaba Platón al referirse a Protágoras y Gorgias. Hoy, ese arte del sofisma sobrevive en discursos que prometen protección total… y terminan fabricando informalidad.

Partamos de los datos. En Colombia, la informalidad urbana ronda el 42–44% y en lo rural supera el 80%, según el DANE; es decir, casi la mitad de los ocupados en ciudades y la gran mayoría en el campo trabajan sin las “protecciones” que encarecemos cada año en el papel. A la vez, el país cambió por dentro: El hogar promedio pasó de más de 4 personas en los 90 a 2,90 en 2023 y 2,86 en 2024; ya el salario mínimo no representa “el ingreso de una familia”, sino el de una persona en hogares más pequeños y diversos. También cambió la presencia femenina: La participación laboral de las mujeres se ubicaba en 51,7% en 2024; más mujeres trabajan fuera del hogar, pero con brechas y alta informalidad.

Frente a este país real, el salario mínimo se volvió un tótem al que se le amarran multas, trámites, copagos, licencias y un rosario de cobros. Aun con esfuerzos recientes de “desindexación”, el rezago regulatorio mantiene amarradas muchas tarifas y sanciones al SMMLV, con efectos de carrusel sobre inflación, déficit fiscal y nueva propuesta de reforma tributaria.

Defiendo tres tesis sencillas:

  1. Simplificar. El mínimo debe tener una fórmula clara (inflación pasada + productividad medida), sin añadiduras creativas ni pactos de ocasión. El secreto no es la cifra, es la productividad. Si un trabajo no agrega valor, no se hace; si agrega, se paga. Un empresario recto no teme al número, teme a la improductividad.
  2. Transparencia total del costo. Hoy el mínimo “nominal” se infla con cargas, parafiscales y beneficios que lo convierten en la sensación de un sobrecosto para el empleador y en menos de lo esperado para el trabajador. Esa opacidad alimenta la huida a la informalidad.
  3. Pago por horas con doble comprobante. Que cada hora facture el costo completo (remuneración + todas las cargas), y que el giro ocurra en dos partes obligatorias y simultáneas: (a) Aporte a seguridad social; (b) Neto del trabajador. Sin el comprobante de aportes, no hay salario válido. Se vuelve medible la productividad, se corta el incentivo a “ahorrar” evadiendo, y el trabajador deja de ser tratado como menor de edad al que hay que ocultarle su propio costo.

Este ajuste no precariza; ordena. Ataca los costos ocultos, la maraña de indexaciones y el sofisma de proteger tanto que expulsamos del amparo a la mitad del país. Con menos humo y más datos, construyamos un mínimo que sea, por fin, mínimo en fórmulas y máximo en verdad.

Thursday, November 27, 2025

Animales, trabajo y ciudadanía: El equilibrio que nos debemos


El martes 18 de noviembre, en Quimbaya, un caballo carretillero cayó exhausto en plena vía. La escena causó estupor y rabia. No es para menos. Detrás de ese tropiezo hay familias que viven del oficio y un animal sometido a una carga que no podía soportar. Dos realidades que nos interpelan a la vez.

Conviene decirlo sin rodeos: Los animales trabajan al servicio de sus dueños, pero no son máquinas. No pueden ser sobreexplotados. Deben cuidarse, alimentarse y mantenerse en condiciones adecuadas. Punto. La dignidad también se expresa en el trato a los seres que nos ayudan a ganarnos la vida.

En varios municipios del Quindío existe normativa que ordena sustituir los vehículos de tracción animal por motorizados. La intención es buena; el resultado, desigual. Bogotá hizo una reconversión costosa y, años después, la postal cambió de especie pero no de drama: Ya no vemos caballos halando carretas, pero sí familias arrastrando bultos de reciclaje, con pesos que sobrepasan sus fuerzas. Se alivió el síntoma, se trasladó el problema.

Ahí está la lección: En asuntos de ciudadanía, las soluciones no pueden nacer de ocurrencias ni de moralismos de ocasión. Deben surgir de diagnósticos serios, de equilibrios inteligentes entre bienestar animal, ingreso digno y movilidad urbana. Si no, reemplazamos el látigo por la indiferencia y seguimos fallándole al más débil.

¿Qué hacer? Tres líneas claras. Primero, reconversión productiva real: No basta con “entregar un motor”; hay que acompañar con capacitación, microcrédito y rutas de comercialización. Segundo, estándares de cuidado animal verificables, con inspección y sanción efectiva. Tercero, logística urbana para el reciclaje: Centros de acopio cercanos, horarios y rutas que eviten que el peso de nuestra basura recaiga—literalmente—sobre cuerpos humanos o animales.

La buena política no se grita: Se diseña, se mide y se corrige. Cuando el Estado regula, la sociedad acompaña y las familias cuentan con opciones, la convivencia mejora. El caballo no cae, la familia no se rompe y la ciudad no se degrada.

Quimbaya nos dio un llamado de alerta. Que no se pierda en el ruido. Equilibrio, inteligencia y sentido social: Ese es el camino.