Petro 007: Licencia para delinquir
Por Luis Fernando Jaramillo Arias
Quienes hemos visto alguna película de la Saga de James
Bond, recordamos al famoso agente secreto que tenía unas misiones especiales
con Licencia para matar.
En Colombia hay quienes creemos que el fuero presidencial es
una garantía institucional. El presidente Petro parece haber llegado a una
conclusión más audaz: que es una licencia para todo.
Mientras cualquier colombiano tiene que responder por sus
actos ante jueces de carne y hueso, el Zar sabe que su destino judicial reposa
en esa curiosa entidad conocida popularmente como la Comisión de Absoluciones.
Así, la ley parece una amable sugerencia para los demás y una lectura opcional
para quien ocupa el Palacio de Nariño.
¿Exceso de gastos en campaña? Problema del gerente. El Zar
no cuenta recibos. Él inspira.
¿Dinero de personajes inconvenientes entrando a la campaña?
Asunto del hijo. Y si preguntan demasiado, basta recordar que él no lo crió. Al
fin y al cabo, la paternidad, según esta novedosa doctrina política, es una
actividad voluntaria y revocable.
¿Los gastos de la primera dama generan controversia? Tampoco
es asunto suyo. Resulta que, cuando conviene, la esposa es esposa; y cuando no
conviene, es apenas una ciudadana independiente que toma decisiones autónomas.
El Zar, por supuesto, no puede estar pendiente de todo.
Y así transcurre la vida pública nacional: los aciertos son
producto de la visión del líder; los errores son culpa de ministros,
funcionarios, asesores, familiares, periodistas, empresarios, opositores, el
cambio climático o alguna conspiración cósmica todavía por identificar.
La responsabilidad siempre encuentra un voluntario distinto
al ocupante del trono y eso ya lo vimos en un gobierno anterior de un amigo del
Zar.
Los antiguos monarcas decían: “El Estado soy yo”. Petro no
necesita pronunciar la frase. Le basta actuar como si fuera cierta. Su tesis
parece sencilla: todos deben obedecer las normas, excepto quien las interpreta
desde el balcón presidencial.
Lo curioso es que quienes antes denunciaban con fervor
cualquier abuso del poder, hoy descubren las virtudes de mirar hacia otro lado.
La indignación, como tantas cosas en política, parece haberse vuelto selectiva.
Y mientras tanto, el agente 007 de la Casa de Nariño
continúa su misión favorita: demostrar que, en Colombia, algunos creen que el
fuero no es un mecanismo de protección institucional sino una auténtica
licencia para delinquir.
